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Zorita, "de los canes"

Bajo la protección de su majestuoso castillo, una de las más bellas e importantes alcazabas de la tierra de Guadalajara y declarada conjunto histórico en 1931, se alza esta pequeña villa cuyas murallas y calles encierran la historia y los recuerdos de nuestros antepasados.

Marcada por la huella de la Orden Militar de Calatrava y junto al río Tajo, su fiel confidente, hoy declarada Reserva Fluvial, guarda detalles emblemáticos como el sello de dicha orden grabado a los pies del arco de entrada a la villa.dEscubRe su histoRiaZorita es hoy un pequeño pueblo de la Alcarria Baja que vive con dignidad su presente y recuerda con orgullo su pasado, siempre dispuesto a recibir a quieen desee conocerlo.

El apellido "De Los Canes" procede, según la leyenda de una época en la que estuvo custodiada por perros que se ocupaban de proteger la villa.

Años después, Alfonso VII, que había repoblado este enclave con mozárabes aragoneses, entregó el lugar a la familia de los Castros, quienes en vez de guardarla para el poder real, se hicieron por la fuerza sus señores feudales, amenazando en ocasiones incluso a la monarquía.

En 1169, el joven Alfonso VIII, apoyado por los Laras y los ejércitos concejiles de Alcalá, Guadalajara, Atienza, Toledo, Soria y Avila, más el apoyo de los caballeros calatravos, consiguió recuperar Zorita para la corona castellana. Al año siguiente, en 1170, Alfonso casó con doña Leonor de Inglaterra, y la ofreció en arras el castillo y lugar de Zorita.

Poco después, en 1174, Zorita era entregada a la Orden de Calatrava, que la recibió en la persona de su maestre don Martín Pérez de Siones, quien lo convirtió en cabeza de una Encomienda lo transformó en firmísimo bastión pleno de tropas, caballeros y armamentos.

Zorita fue sede de la Mesa Maestral calatrava desde finales del siglo XII a comienzos del XIII. Fue el maestre Ruy Díaz quien más laboró en este sentido. En los siguientes siglos, esta fortaleza del Tajo fue protagonista de algunas aventuras guerreras, especialmente revueltas y luchas civiles de los calatravos.

En 1565 fue adquirida al Rey por don Ruy Gomez de Silva, luego premiado con el título de duque de Pastrana, de donde también era señor.

En 1572, este magnate fundó un mayorazgo en el que incluyó la villa de Zorita y su castillo. Pasó a su hijo don Rodrigo de Silva y Mendoza, y luego a sus descendientes los duques de Pastrana, hasta que en 1732, los duques del Infantado, a quienes por sucesión había correspondido la casa pastranera, vendieron este enclave a don Juan Antonio Pérez de la Torre, antecesor de los condes de San Rafael. El título, ya solamente honorífico, de Comendador de Zorita, continuó existiendo hasta el siglo XIX.

En este castillo encontramos muchos detalles que ofrecen la evocación y el testimonio preciso de los tiempos primitivos de la fortaleza.
Su estructura es un complicado sistema de murallas y puertas, de torreones y ventanales amalgamados a lo largo de los siglos, sobre los que luego ha llegado la ruina, de modo tal que hoy se hace difícil tener una cabal idea de su primitiva forma.

No obstante, una cosa es clara, y ésta es su adecuación perfecta a la meseta estrecha que culmina el roquedal en el que asienta. Así encontramos que la planta es alargada, de norte a sur, estando rodeado todo el recinto de fuerte muralla, hoy desmochada en gran parte. Y el acceso a este bastión militar se hacía y aún hoy se hace, por dos caminos, penetrando al mismo por dos puertas.

El origen de Zorita ligado a su Castillo (declarado Conjunto Histórico Artístico en 1931). La primera noticia escrita la encontramos en el año 886, procedente de Calib Ben Hafsum cuyos dominios se extendían hasta Zorita, y de cuya fortaleza se ocupó saqueando desde aquí las tierras de Todelo y apoderándose del Califa Abderramán III.

Posteriormente la fortaleza pasa a manos cristianas (Rey Alfonso VI), el cual encarga su gobierno a Alvar Fánez de Minaya, amigo y lugarteniente de El Cid.En 1174 lo donan a la Orden de Calatrava para que la defiendan de los musulmanes asentados en Cuenca. En los últimos años del Siglo XII y primeros del Siglo XIII zorita fue “capital” de la Orden de Calatrava (1211-1212) después de la pérdida de Calatrava y Salvatierra por los cristianos y convertir a Zorita en su nueva sede.

Con la llegada de las monarquías absolutas Zorita fue enajenado y Felipe II vendió la Villa a D. Ruy Gómez de Silva, en 1565 (Duque de Pastrana). En 1572 fundó un mayorazgo que incluía a Zorita y su Castillo. Posteriormente pasó a su hijo Rodrigo de Silva y Mendoza y más tarde al resto de descendientes del Duque de Pastrana hasta que en 1732 los Duques del Infantado vendieron la zona a Juan Antonio Pérez de la Torre, antecesor de los Condes de San Rafael.

Sitúada en el término municipal de Zorita de los Canes, en el cerro de la Oliva, existe un yacimiento que es la única ciudad visigoda de nueva planta conocida en Europa (declarado Conjunto Histórico Artístico en 1946).

Fue construida en el año 578 d.C. por Leovigildo, en honor a su hijo Recaredo, tras la campaña de la Oróspeda. Fue una ciudad de gran importancia en la época, incluso en ella se acuñó moneda. Destacan sus grandes dimensiones (30ha) y su basílica paleocristiana, construida en dos fases diferenciadas, en principio una iglesia romana del siglo IV y posteriormente, una basílica coincidiendo con la transformación del antiguo núcleo hispanorromano en ciudad. Otras construcciones de interés son: murallas, acueducto, zona de viviendas, calles, canteras,… Actualmente se encuentra dentro de la Red de Parques .

Recópolis es una de las dos ciudades fundadas por los godos en España, la otra es Victoriacum, en Álava, origen, al parecer, de Vitoria.
Son las únicas ciudades de nueva planta en la Europa occidental entre los siglos VI al VIII. Construida por Leovigildo en honor de su hijo Recaredo en el 578, como sede de éste en su condición de rey asociado, y abandonada en el siglo X, posee los restos del más importante palacio de ese periodo y fue la fundación real más antigua de esa época de la historia europea.

Se trata de un núcleo urbano de gran valor histórico, en el que se incluía tanto su función de residencia real como la administrativa y de gobierno. La trascendencia de estos datos ha sido ratificada por los descubrimientos arqueológicos (palacio, iglesia palatina, murallas, acueducto, zona de viviendas, calles, canteras) y por un territorio de alto valor ecológico, con un paisaje que no ha sufrido grandes transformaciones.
La parte habitada ocupaba una extensión de 30 Ha. y el recinto, redeado de murallas sólidas formadas de por lienzos de sillarejo, con torres cada 30 metros y con una única puerta de entrada al oeste, se componía de dos núcleos diferenciados: la «villa alta» y la «villa baja». En la zona más alta se encuentran los restos de un gran conjunto palatino, y los de una iglesia, comunicados entre sí.
En la "villa baja" se instalaban los servidores y hombres de armas.
El palacio, de grandes dimensiones ya que tenía 133 m. de largo por 9 de ancho, era una construcción con forma de nave rectangular con soportes centrales, lo que hace suponer un tejado a dos aguas. Todo el edificio era de dos plantas y, por los restos de decoración y de pavimentos encontrados, la superior debió ser la de mayor relevancia. Tenía torreones cilíndricos en su costado interior.

La iglesia, cuyos restos se encuentran debajo de los de la pequeña ermita románica de Nuestra Señora de Recatel, es posíblemente la última iglesia visigoda arriana y, por la estructura de su planta es cláramente de la fase de transición y se puede considerar como un antecedente de las iglesias cruciformes.

En principio, su estructura es la de una basílica de tres naves con una especie de trasepto que sobresale de las laterales, un ábside, con forma interior de semicírculo prolongado y rectangular en el exterior, y un nártex con una única puerta de entrada, que parece que incluía un baptisterio en un compartimento lateral. Pero en este caso las naves laterales están separadas de la central por muros continuos, formando como dos galerías laterales que comunicaban el pórtico con el crucero pero no con las naves. Esta particularidad convierte su planta en una cruz latina con dos pasillos laterales que no se reconocen desde el interior y, por lo tanto, en un claro antecedente del grupo posterior de iglesias cruciformes.

Teniendo en cuenta la importancia de esta iglesia, de la que sabemos su fecha de construcción, su abscripción arriana y que representa sin ninguna duda el pensamiento oficial, ya que fué construida por voluntad del rey, es un eslabón de gran transcendencia en la fase de transición desde las iglesias basilicales con cabeceras modificadas hacia las cruciformes que aparecieron casi cien años despúes y ya bajo el rito romano.

Entre la puerta del nártex y la de la entrada a la iglesia se han encontrado seis basas de columnas que debían dar un aspecto "realmente" solemne al acceso a la misma.
Parte de esas columnas, así como otros restos de decoración han sido reutilizados en edificios de Zorita de los Canes y también han aparecido en las excavaciones restos de decoración de estilo inequivocamente visigodo y claramente creada para esta iglesia, como capiteles, ábacos, un cancel,..
En la actualidad - año 2005 - se está creando el Parque Arqueológico de Recópolis, que incluye un centro de recepción de visitantes donde se pueda conocer la riqueza arqueológica de esta ciudad visigoda, su historia, su entorno natural y el modo de vivir de sus gentes, así como un centro de investigación y un museo que constituirán el Centro de Interpretación del Parque Arqueológico en un edificio de nueva planta ubicado en una zona de fácil acceso, en el camino hacia Recópolis, con vistas a tres lugares determinantes en la zona: el yacimiento de Recópolis, el valle del río Tajo y la villa de Zorita de los Canes. Está estructurado en dos partes, una de las cuales acoge las salas de recepción, exposiciones y de audio, despachos y aseos y la segunda alberga las zonas de investigación, almacén y trabajo con los materiales del yacimiento, ya que hasta ahora sólo se ha excavado el 10% de la ciudad visigoda.

En el año 578 el Rey Leovigildo manda construir esta ciudad sobre un promotorio rodeada por el Tajo en toda su parte Sur, Este y Oeste hoy denominado "El Cerro de la Oliva" con la escusa de conmemorar la consolidación del poder real y el estado conocido como reino visigodo de Toledo.
Se le dio el nombre de Recópolis en honor del futuro rey llamado Recaredo.La ciudad tuvo una vida dinámica que se desarrolló a lo largo de la época visigoda, con dos fases documentadas entre finales del siglo VI y principios del siglo VIII, y primitiva época andalusí, a su vez con tres fases entre principios del siglo VIII y la primera mitad del siglo IX. Una aldea de campesinos se instalará a fines del siglo XII y durante todo el XIII, aprovechando una parte de las ruinas de lo que fue la ciudad altomedieval.
La primera de las fases de época visigoda, fechada entre fines del siglo VI y la primera mitad del VII, nos muestra como la ciudad se concibió, desde el momento de su fundación, siguiendo un plan urbanístico definido por la jerarquización del espacio urbano. La ciudad, de grandes dimensiones, con más de 33 has., se construyó con espléndidos edificios y estructurada en varias zonas, el palacio, los espacios comerciales, las diferentes zonas de vivienda, la muralla y los arrabales.
En el territorio próximo, los restos de un acueducto y unas canteras documentan sobre el suministro de agua y los sistemas de extracción de materiales para la construcción de la nueva ciudad.Vista panoramica de la ciudad:La segunda fase de época visigoda, que se desarrolla a lo largo de la segunda mitad del siglo VII y principios del VIII, refleja, en las partes excavadas, una serie de cambios que producen una alteración del paisaje urbano respecto al que había definido la fase fundacional anterior.
Espacios comerciales que se transforman en viviendas, calles y espacios públicos que se ocupan por nuevas construcciones, reformas en el palacio, peor calidad de las técnicas constructivas, constituyen el reflejo del citado fenómeno de desestructuración urbanística.La llegada de los árabes supuso que en esta zona de la península se asentaran, junto a la población local, tribus beréberes procedentes de la zonanorteafricana del Magreb.
La ciudad de Recópolis, a partir de ahora conocida por su nombre árabe, Madinat Raqaubal, pervivió, durante todo el siglo VIII, prácticamente con la misma estructura que tuvo en la última fase de época visigoda. En ella se seguirán ocupando los edificios del conjunto palatino y se documenta la definitiva transformación de los edificios destinados a actividades comerciales en zonas de vivienda o zonas productivas, como es el caso de una herrería, destinada a satisfacer necesidades relacionadas con la vida cotidiana.Moneda Árabe de Recópolis
La segunda fase de época andalusí, entre finales del siglo VIII y principios del IX, se va a caracterizar por un cambio notable en la estructura del asentamiento, que lo diferencia del paisaje que había definido la ciudad desde la época visigoda.
En este momento, Recópolis pierde la categoría de centro de poder y administrativo como consecuencia de los conflictos y luchas, en la región, entre beréberes, población local y partidarios de los emires cordobeses. Un incendio destruye el palacio y este hecho da paso a una importante transformación y reducción del paisaje urbano. Parte del antiguo palacio se reconstruye transformado, ahora, en un recinto fortificado.
En sus alrededores, y sobre las ruinas de las antiguas construcciones, se edifican nuevas viviendas relacionadas con conjuntos de silos destinados al almacenaje de la producción agrícolaEn la tercera fase de época andalusí, fechada durante las primeras décadas del siglo IX, el asentamiento de la antigua Recópolis es abandonado y utilizado como cantera.
En este momento se desmontan edificios para extraer sus sillares y sus elementos decorativos, se construyen caleras para producir cal, utilizando restos constructivos de la antigua ciudad. Todo esta actividad se destina a proporcionar materiales para fundaruna nueva ciudad, Zorita, expresión urbana de la nueva sociedad.
A partir del año 1085, esta zona pasa a manos cristianas, como consecuencia de la rendición del reino taifa de Toledo. A lo largo de todo un siglo se producen cambios como consecuencia de la implantación de un nuevo modelo social, el feudalismo. Para sustituir a la población local musulmana, que se ve obligada a emigrar, campesinos procedentes de los reinos cristianos crean nuevas aldeas. Una de ellas se funda en el olivar de Raccopal, la antigua Recópolis. Y así sobre las ruinas de la iglesia visigoda se edifica un templo románico con su cementerio, y sobre parte de los cimientos del palacio se levantan una serie de viviendas para albergar a los campesinos mozárabes que se asientan en esta pequeña aldea.
Restos del templo románico:Madinat Zorita, la actual Zorita de los Canes, se funda a principios del siglo IX utilizándose para ella las piedras de la cercana Recópolis, tal y como transmitió al Razi, un historiador de la época, y como se comprueba en la actuales excavaciones arqueológicas. Zorita se sitúa a un kilómetro aguas arriba de Recópolis y se alza en un cerro testigo que domina un paso sobre el río Tajo.
La fundación de esta nueva ciudad, está relacionada con la consolidación de la sociedad andalusí que, tras los mencionados conflictos, entre beréberes, población local y partidarios de los emires cordobeses, que se sucedieron a lo largo del siglo VIII y primeras décadas del IX, se constituirá en el modelo de sociedad hegemónica en gran parte del territorio peninsular. Esto tendrá, como es lógico, su referente en la realidad urbana y a lo largo de la segunda mitad de este siglo IX y, fundamentalmente, en el X se desarrollará un nuevo modelo de ciudad reflejo de esa nueva realidad social.
En esta época y como consecuencia del citado proceso se fundaran nuevas ciudades como es el caso de Alcalá, Guadalajara, Peñafora, Madrid, Uclés, o la propia Zorita.Desde su fundación y a lo largo de toda la época omeya, Madinat Zorita se convertirá en una importante ciudad, capital de uno de los distritos administrativos de al-Andalus.
En este periodo se definieron los rasgos que configuraron a Zorita como una típica ciudad andalusí, y una serie de monumentos y restos, la mayor parte de ellos pertenecientes al periodo califal (siglo X), nos ilustran sobre esta época. Destaca, entre ellos, la alcazaba, el recinto fortificado, estructurado ya desde el momento de la fundación de época emiral a lo largo de toda la meseta superior del cerro. La puerta con arco de herradura de época califal, comunicaba el castillo con la medina.
Esta medina, la ciudad propiamente dicha, se situaba en la ladera occidental del cerro, entre la fortificación y el río Tajo y estaba rodeada por una muralla construida en esa época y todavía hoy en pie. Zorita pasa a manos cristianas el año 1085, cuando se pacta la rendición del reino taifa de Toledo al reino de Castilla. A lo largo de todo un siglo se produjeronuna serie de cambios como consecuencia de la implantación de un nuevo modelo social, el feudalismo.
La ciudad de Zorita y su territorio, tras pertenecer a distintas familias nobiliarias y a la propia casa real, fue entregada por el rey Alfonso VIII en el año 1174 a la Orden de Calatrava.Esta donación del castillo de Zorita y la consiguiente constitución de la Encomienda de Zorita entre 1174-76, así como la concesión de fuero en 1180 -por Alfonso VIII y el maestre de la Orden- son fundamentales para potenciar la política de repoblación de la zona. A este periodo debe adscribirse el inicio de todo un proceso de reformas del castillo de Zorita que supondrá como primer elemento más determinante una reducción respecto al anterior recinto andalusí y en la que se datan una serie de nuevas obras como la reforma de los accesos, la construcción de la iglesia.
A partir de este momento se inicia una época de importante crecimiento entre los siglos XIII y XIV, que desde la arqueología se documenta a través de la existencia de tres arrabales -dos situados al Sur y al Este de la villa y el tercero en la otra orilla del río Tajo-, que si bien pudieron ser de fundación anterior alguno de ellos, en superficie ofrecen materiales de época pleno y bajomedieval.

El primero de estos caminos ascendía de forma suave desde el valle del arroyo Bodujo, y protegido por poderosa barbacana, atravesaba la torre albarrana, una de las piezas mejor conservadas y más atractivas de este edificio, entrando a la parte del albácar o patio de armas del castillo.
Desde él, se entraba a la fortaleza a través de una puerta abierta en la muralla y de un puente levadizo de madera, ahora inexistente, que saltaba el hondo foso tallado sobre la roca. La otra forma de entrar se hacía por un camino zigzagueante, estrecho, y sometido al control directo de las murallas y torreones, por la cara poniente del castro, arribando hasta la puerta principal, sumamente interesante por cuanto muestra superpuestos un primer arco apuntado de tipo gótico, y otro arco interior, más antiguo, netamente árabe, en forma de herradura.

En este castillo encontramos muchos detalles que ofrecen la evocación y el testimonio preciso de los tiempos primitivos de la fortaleza. De una parte destaca la iglesia del castillo, construcción religiosa románica, de una sola nave, de planta rectangular sin crucero, rematada a oriente con un ábside de planta semicircular.

Al sur de este templo encontramos otro amplio patio en el que, adosados al muro de mediodía de la capilla se ven sendos enterramientos de caballeros calatravos, posiblemente maestres de la Orden. Además es curiosa la gran sala del moro.

Otro detalle extraordinario de este castillo es la torre albarrana que vigila la entrada al castillo por el camino de ronda puesto a oriente. Se compone de un cuerpo de torre muy elevado que engarza con el recinto amurallado de la meseta.
Tenía almenas y terraza, más algunos vanos saeteados. Bajo élla pasa el camino a través de dos arcos apuntados, adornados con cenefa de puntas de diamante, y una cartela en la que se lee Pero Diaz me fecit Era 1328. Está ampliamente rastrillada esta puerta, de tal modo que los atacantes que quiseran penetrar por élla, se exponían a recibir la correspondiente lluvia de piedras, aceite, etc, con que desde arriba podían ser obsequiados.

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