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Trillo, "caminos a los reales baños"

José Ramón López de los Mozos nos hará transportarnos a otros tiempos a través de su recopilación de las descripciones sobre los antiguos CAMINOS A LOS REALES BAÑOS DE TRILLO (GUADALAJARA) según las actas del II Congreso Internacional de Caminería Hispánica. Tomo I, pp. 415-422

Mi tía Mercedes Roca del Rey, vivió en Gárgoles con su familia materna y me contó antes de morir que le encantaba cuando era pequeña (hace ya un siglo) , salir a las afueras del pueblo, para ver junto a todos los críos del lugar, como pasaba la diligencia de caballos a todo galope hacia los baños de Trillo.

Venía a diario desde Madrid al caer la tarde y un caballo blanco enorme guiaba a la comitiva.

Esto era tal espectáculo para ella, que lo tenía en mente cuando le faltaba poco tiempo para morir y nos recordaba su vida a retazos, sin dejar de mencionar sus recuerdos a esta diligencia diaria con su caballo blanco trotando por delante moviendo con soltura sus crines junto con la brisa de la tarde.

Fué impresionante, pero realmente esos relatos y testimonios fueron para mí, un acicate para conocer un poco más mi tierra.

No nos son conocidos los orígenes concretos de los Baños de Trillo, pero sí los pasos por que fue atravesando su existencia desde 1770, fecha en que D. Miguel María de Nava, Decano del Consejo de Castilla a la sazón, encuentra mejorada su salud al utilizar las aguas, por entonces remansadas, de la charca del Rey, por lo que de vuelta a la Corte solicita de Carlos III una ayuda económica suficiente como para poder ofrecer dichas salutíferas aguas a todas las gentes.

De modo que así se comenzaron a construir los edificios destinados a baños y albergues.
Fueron los primeros los denominados del Rey, la Princesa, la Piscina, el Hospital y la Condesa.

Gracias a dichos baños y a su reconocida fama, la afluencia de bañistas hizo necesario el arreglo de las vías de comunicación entre la capital del reino y Trillo, en cuyas inmediaciones se encontraban. Cuando en 1777 se instalan oficialmente los mencionados establecimientos balnearios se construye un nuevo camino carretero -que describiremos más adelante- mediante el que se acortaban seis leguas (y una noche), lo que no era poco si consideramos el estado de las posadas entonces existentes.

Es en ese mismo año de 1777 cuando D. Casimiro Ortega, requerido por D. Miguel María de Nava, analiza las aguas termales así como la flora y la mineralogía de los alrededores del balneario. Producto de dichas investigaciones es el libro titulado: Tratado de las aguas termales de Trillo.Comprehende la antiguedad, y situación de Trillo:la descripción de sus baños:la de sus plantas, y minerales:la análisis de las aguas:las curaciones, y casos adversos:el método de usarlas:y la distancia, ó ruta desde Madrid.Escritode Orden del Rey,y baxo la dirección del Ilustrísimo SeñorD. Miguel María de Nava,Decano del Consejo y Cámara, etc.por el Doctor D. Casimiro Ortega,Profesor de Botánica, de las Reales Academiasde la Historia y Médica, y de las de Cienciasde Paris y Londres.

Pasados estos años de esplendor siguieron otros de abandono, a la muerte de quien fuera su director D. Miguel María de Nava, hasta que intervino en su amejoramiento el entonces obispo de Sigüenza D. Pedro Inocencio Vejarano (1800-1819) quien mandó construir un nuevo edificio destinado a pobres y militares, además de otras obras que hubo de abandonar ante la incomprensión de los propios trillanos.

Llegaría después otro período de olvido con la guerra de la Independencia, y tras numerosos intentos de revitalización, ésta no llegará hasta el año 1829 en que fue nombrado director D. Mariano José González Crespo, autor de numerosos tratados sobre las aguas del balneario de Trillo y verdadero artífice de su promoción y desarrollo, si tenemos en cuenta que hacia 1840 se recibía una afluencia de cerca de mil usuarios.

A partir de 1860, en que los baños pasan a ser custodiados por la Diputación Provincial durante poco tiempo, su decadencia va en progresión, hasta que terminada la Guerra Civil del 36 al 39 son utilizados, en parte, para la construcción de un centro leprológico.

Los primeros datos que conocemos sobre los caminos a Trillo los ofrece D. Casimiro Ortega en el apéndice a su citado libro4, donde hace alusión al "camino nuevo de Trillo, y su ruta, distinta de la que antes había de veinte y dos a veinte y tres leguas, en una gran parte privada de la ventaja de pasar inmediata a varios lugares, y buen piso, se compone hoy de diez y seis diez y siete leguas de camino cómodo y divertido por el tránsito y vista de varias poblaciones..."

Dicho camino, desde Madrid, se realizaba en dos jornadas: en la primera, saliendo por la puerta de Alcalá, cabían dos posibilidades: una era llegar hacia el mediodía a Alcalá de Henares -donde, según señala nuestro autor, se comía antiguamente, antes de hacerse el camino nuevo-, y otra, siguiendo la nueva ruta, e ir a comer directamente al lugar de los Hueros, trayecto que también podía realizarse por dos caminos "cómodos en tiempo de verano".
El primero de ellos partía de Madrid hasta el puente de Viveros, "pasado el qual se dexa el que vá a Alcalá, y se toma por la derecha" hacia el Palacio de Aldovea; se pasa el vado del río Henares y se llega a la hora de la comida a los Hueros.

El segundo "al salir por la puerta de Alcalá, por junto a las tapias del Retiro, y por el lado de la noria, y casa del guarda, que hay frente del primer tiro, se sigue el camino alto de la fuente del Berro, se atraviesa el arroyo de Breñigal", hasta San Fernando, se atraviesa el vado del Jarama y a Aldovea, donde se toma la ruta anterior. Esta segunda era más corta.

Nuestro autor se encarga de informar al viajero que en los Hueros no hay mesón "ni por ahora disposición de hacerle".

El camino a seguir por la tarde era de cuatro leguas hasta Aranzueque, donde se pernoctaba, más corta y cómoda desde los Hueros que desde Alcalá, ya que este último camino era peligroso a partir del puente, a la salida, hasta la ermita de Anchuelo, donde se juntaba con el nuevo camino. Mientras que partiendo de los Hueros se iba por tierra llana hasta la citada ermita, desde donde seguía camino a Santorcaz y, subiendo por el monte, llegar al Pozo de Guadalajara y, a la vista de Valdarachas, llegar a Aranzueque, donde -así se indica- "acaso no podrá estar enteramente concluido el mesón para este año" (1778), aunque sí podrían alojarse los viajeros que lo deseasen en casas particulares "que la hay muy decentes".

La segunda jornada sigue el camino desde Aranzueque, donde se pernoctó, por el camino nuevo, hasta Armuña e Irueste a Romanones, Yélamos de Arriba y Yélamos de Abaxo, donde se para a comer. En total cuatro leguas cortas.

Ya por la tarde el camino sigue desde Yélamos de Abaxo a la venta de Picazo y a Enche y dejando a la vista Cifuentes (algo distante) y Gárgoles de abaxo y arriba se llega a Trillo, habiendo hecho otras cuatro leguas cortas.

No sabemos por qué D. Casimiro Ortega señala el camino entre Aranzueque y Yélamos de Abajo de esa manera, cuando lo lógico sería seguir la ruta más sencilla, que es la que aún se sigue, y que sería la siguiente: Aranzueque-Armuña-Romanones-Irueste-Yélamos de Abajo-Yélamos de Arriba-Picazo-Henche-Trillo, que es la ruta que, diez años más tarde, propone Ponz5: de Trillo a Yélamos de abaxo hay unas cinco leguas "atravesando en esta distancia los Pueblos de Denche, Picacillos, y Yélamos de arriba, que es mejor que el de abaxo".

De Yélamos hasta Romanones, dos leguas, quedando a mano izquierda Irueste, de Romanones a Armunia otras dos leguas y a una más, Aranzueque. A una legua pasado Aranzueque se penetra en un pimpollar que mide otra legua y que lleva al Lugar de Pozo, desde el que se llega a Santorcaz a una legua y de allí hasta Alcalá.

Indica Ponz que desde Pozo a Santorcaz se ven a los lados del camino los lugares de Pioz, Loranca y Villalvilla.

A medida que van pasando los años las descripciones de la ruta se van perfeccionando y haciendo más detalladas, al tiempo que los propios caminos se van desmejorando. Desde la descripción que hiciera D. Casimiro Ortega, donde apenas si se encuentran otros datos que las meras distancias y alguna noticia sobre los lugares donde poder comer o pernoctar o la existencia o no de posada, pasando por la que hace D. Antonio Ponz, donde los datos son más abundantes y hacen referencia constante a los lugares por los que atraviesa el camino, los montes y producciones, el arte de las iglesias, etcétera, hasta la que hace D. Gaspar Melchor de Jovellanos, en 1798, a veinte años vista de aquella primera, hay gran diferencia.

Las descripciones son más exactas y atienden fundamentalmente a los aspectos que más interesaban al viajero y que no son otros que los relacionados con las producciones y la economía, amén de los que reflejan el estado de las posadas (y de los propios caminos) no siempre en las mejores condiciones, en el trato que se daba a las personas que las usaban, así como a los precios que se cobraban.

Veamos la descripción que hace Jovellanos de esta ruta, según se consigna en sus Diarios.

Agosto de 1798. Lunes 20. Sale a las cuatro y media de la tarde de Madrid con dirección a Trillo, llegando a Alcalá a las nueve pasadas. Al salir de Madrid -por la puerta de Alcalá- ve los aumentos de la quinta de la Alameda perteneciente a la duquesa de Osuna. Poco después cruza el río Jarama, atraviesa Torrejón, dejando a la derecha el curso del Henares a cuya misma mano queda San Fernando, y poco después "el hermoso y descuidado sitio de Aldovea".

Martes 21. Sale a las seis de la mañana con destino a Santorcaz, cuya situación geográfica describe minuciosamente y dejando el pueblo a la derecha, tomando por tanto la vía de la izquierda llega al Pozo donde, señala, la "posada (es) tolerable, aún nueva y no demasiado sucia, bien que descuidada y mal asistida", para añadir seguidamente: "comida agradable; larga siesta. El Pozo: lugar de labranza; tiene 36 vecinos; iglesia bien reparada; órgano; reloj; y maestro de escuela, el sacristán, dotado con un real al día sobre los propios de Guadalajara. Campiña pingüe".

Después vuelve a salir a las cuatro por un buen camino, excepto en la parte que llaman el barranco, y llega a Aranzueque donde la posada era "cómoda pero de mala asistencia" y añade la descripción del pueblo, al igual que hizo antes con el Pozo. "... aquí el Tajuña; vecinos 60; iglesia bastante capaz y bien construida, como de la mitad del XVI; escuela de primeras letras servida por el sacristán como en el Pozo".

s en Aranzueque donde pasadas las nueve, hubo una gran tormenta que llegó a inundar el portal de la posada, repleta de arrieros que transportaban pellejos de vino. Y donde nuevamente añade una feroz crítica sobre los precios: "Todo caro. El cocinero, el calesero, el ventero, todos a robar. (Qué tal caro se compra el poco descanso que aquí se halla!. Trayendo todo de Madrid, ya irán gastados en tres paradas treinta duros. La cebada, que va a 26 reales fanega, se ha cobrado de 32 a 38 el celemín".

Miércoles, 22. Sale de Aranzueque a las cuatro y cuarto con destino a Romanones, perteneciente al señorío del marqués de Villamejor. Y lo describe como de 100 vecinos, con escuela y situado en lo alto de un cerrillo y con mal camino desde allí. Los siguientes pueblos serán Yélamos de Abajo y de Arriba.

A Yélamos de Abajo llega a las once y tres cuartos y se queja de la comida, que califica de ruin, "sin ternera" y del poco descanso, pues reanuda la marcha a las tres y media.
"Yélamos tiene 160 vecinos encabezado en 140 útiles; escuela a cargo del sacristán; decente iglesia; el curato vale 20.000 reales".

Luego prosigue su camino hasta Hinche -Henche- que sitúa a dos leguas largas y a donde llegan a las seis y cuarto, y a tan sólo una legua larga y mala de Trillo.

Lo que a continuación dice puede darnos una idea del concepto de "legua larga y mala". Dice así: "Pasada la vega, acometimos una cuesta cruel, pendiente, pedregosa y casi intransitable; la lluvia de anoche la descarnó más y más; después, buen camino...". Y llega a Trillo a eso de las nueve.

Hasta aquí lo más destacable, a nuestro parecer, del viaje de Jovellanos. Quizá podamos añadir además la excursión que el jueves día 30 realiza en compañía de algunas amistades a la fábrica de papel de Gárgoles y a Cifuentes, donde visita todos los edificios artísticos.

Finalmente el jueves día 13 de septiembre emprende viaje de regreso a Madrid, que describe más a vuelapluma.

Estos tres relatos nos pueden servir como exponente de aquellos caminos, pueblos, posadas, precios, distancias y tiempos que se empleaban en recorrerlos, a finales del siglo XVIII, período que no puede considerarse el peor de todos ya que entre las ideas de la Ilustración estaba la de la regeneración de los pueblos a través del fomento de la industria y la agricultura, de las ciencias y las artes, siendo precisamente los caminos y lo que ellos conllevan, los transmisores de la cultura y de las ideas, como creemos ha quedado patente.

Pero veamos ahora otros ejemplos más de itinerarios a Trillo un siglo más tarde, concretamente a mediados del XIX.

El primero de los que aquí traemos aparece reflejado en una sencilla guía de enfermos7 y, en líneas generales, coincide en cuanto al empleo de los datos, con lo que señala D. Mariano José González y Crespo en su Noticia abreviada del establecimiento de aguas y Baños minero-medicinales de Carlos III, en la villa de Trillo..., que posteriormente recogerá, con escasas variaciones, D. Basilio Sebastián Castellanos de Losada en su Manual del Bañista.


D. Mariano José ofrece los siguientes datos: "El camino que conduce de este punto (Madrid) a Trillo, es la carretera de Zaragoza hasta Torija, donde se separa y dirige por otro arrecife, abierto en el año de 1800, y abandonado poco después hasta 1832; este arrecife, en el que desde aquella época solo se han hecho algunos reparos, se ha compuesto debidamente por aprobación del Gobierno, a propuesta del Sr. Gobernador de la provincia. Este hecho proporciona inmensos beneficios al país y a los enfermos".

Ese itinerario de Madrid a Trillo era como sigue: (relación de Pueblos y leguas entre ellos) "una legua corresponde aproximadamente a unos 4,4 kilómetros actuales."

De Madrid a Canillejas 12
Al Puente de Biberos 12
A Torrejón de Ardoz 2
A Alcalá 2
Al Parador del Conde de la Cortina 2
A Guadalajara 22
A Taracena 1
A Valdenoches 2
A Torija 12
A Brihuega 22
A Malacuera 2
A Solanillos del Extremo 22
A Trillo 12

Total 20 leguas.

Antiguamente, recuerda que se tardaba dos días en recorrer el trayecto. En el primero se paraba en Alcalá, a comer, o en la Venta de Meco o en el Parador del Conde de la Cortina, para llegar a dormir a Guadalajara o Taracena. En el segundo se comía en Brihuega y se llegaba a Trillo por la tarde.

Y añade que "en la actualidad" todavía continúan haciendo algunos carruajes las jornadas dichas, por las que llevan 40 reales por el asiento y 5 por arroba de equipaje. Pero hace muchos años -continúa- se establecieron empresas de diligencias, cuyas góndolas llevaban 19 asientos y tardaban 16 horas en llegar a Trillo, saliendo a las 5 de la tarde de Madrid para cenar en Guadalajara y posterior chocolate en Brihuega, con lo que se llegaba a Trillo entre 8 y 9 de la mañana.

Por aquel entonces la empresa que se encargaba de realizar dicho servicio diario era la de D. Ramón Carsi, establecida en calle de Alcalá, núm. 32 y los precios de los asientos estaban comprendidos entre los 60 y los 90 reales.

Pocos años más tarde seguía siendo la empresa de D. Ramón Carsi, con sus diligencias llamadas las primitivas, cuyo despacho en la capital de España seguía siendo el mismo, y en Trillo, para regreso, en la plaza conocida como Puerta del Sol, en casa de D. Hipólito Pantoja.

Las góndolas tenían cuatro departamentos: la berlina, para tres viajeros; el interior, para seis; la rotonda, para otros seis, y el cupé, para cuatro. Y los precios eran de cien, ochenta, setenta y sesenta reales, respectivamente.

El itinerario se especifica con mucho más detalle que el que hemos visto.

Itinerario de Madrid a Trillo por el camino real de Aragón hasta Torija, y de este punto por Brihuega. *el recorrido en leguas era el siguiente:

De Madrid a la Venta del Espíritu-Santo 2
Venta a Canillejas 2
Canillejas al Puente de Viveros 1
De éste a Torrejón de Ardoz 12
Al arroyo de Torote 1
A Alcalá de Henares 1
Al parador de Lencin 13
A la casa de postas 13
Al parador del conde de la Cortina 3
A la venta de S. Juan 1
Al arroyo de Benalaque 2
A la ciudad de Guadalajara 1
A Taracena 3/4
A Valdenoches 1
A Torija 12
Aquí se deja el camino real y se tuerce a la derecha a tomar el de Brihuega a Trillo
De Torija a Brihuega 3
A Solanillos 22
A Trillo 2

Algo más de veintidós leguas. Guadalajara y Brihuega eran los sitios donde se comía, cenaba o almorzaba, según los horarios de ida o vuelta. Los tiros de mulas se cambiaban cada tres leguas, es decir, en Torrejón, Guadalajara y Brihuega.

Pero poco más de medio siglo después, es decir, ya a comienzos del presente, los caminos cambian de nuevo como puede verse al leer el Anuario-Guía de Guadalajara y su provincia correspondiente al año 190512, donde aparecen unas cuantas páginas dedicadas a describir los Establecimientos Balnearios de Carlos III entre las que aparece reseñado el itinerario a seguir desde Madrid:

"El viaje desde Madrid puede hacerse por Matillas, (estación del ferrocarril de Zaragoza), desde la cual, en combinación con los trenes, salen cómodos y nuevos coches y el que guste puede realizarlo desde Guadalajara tomando el coche que sale de esta capital y que llega al mismo establecimiento".

-El precio del ferrocarril hasta Matillas era de 13,95 en 10 clase, 10,80 en 20, 6,65 en 30 y el del coche desde Matillas al Balneario de 12,50, 7,50 y 5, para berlina, interior y cupé, respectivamente, habiendo también landeaux y familiares a precios convencionales. Los billetes podían sacarse en la Fonda de los Leones, en la calle Carmen, 30, de Madrid.
Ya en 1907, durante la temporada de baños, se pone un automóvil que hace el recorrido Guadalajara-Trillo en menos de cuatro horas.

Sirvan estos breves ejemplos, los primeros más alejados en el tiempo, para comprender la dificultad que podían entrañar viajes tan sencillos como los aquí reseñados, así como para el mejor conocimiento de cuanto les rodeaba: desde los lugares donde se cambiaban los tiros de mulas y los albergues o posadas, los coches y diligencias empleados y los costos de los billetes, hasta las minucias, aparentemente sin importancia, de los pueblos por los que cruzaban los caminos e itinerarios a seguir.

Dos caminos diferentes. Al fin y al cabo dos formas de ver ese gran mundo que significaba -y aun hoy significa a veces- el viajar. En los primeros ejemplos aducidos se ha podido apreciar cómo los caminos se van adaptando a la geografía, buscando si es posible otros preexistentes, siguiendo las vías naturales de comunicación que, generalmente, suelen coincidir con valles fluviales, por pequeños que éstos sean -aquí el arroyo San Andrés, en gran parte- excepto en cortos trayectos que comúnmente obedecen a la conformación del terreno.

Son caminos naturales que nada tienen que ver con los denominados caminos reales, más anchos y por lo común mejor cuidados ya que los puntos que unían eran de mayor importancia. Caminos donde los tiempos empleados eran largos y los inconvenientes que podían surgir (y de hecho surgían) muchos.

En los segundos ejemplos los caminos se acortan para acortar también los tiempos empleados en recorrerlos, y si no se hacen mas cortos sí son mejores en lo que se refiere al firme y a su conservación. A ser posible se utilizan trayectos, como el que desde Madrid sigue el camino real hasta Torija, para después torcer hacia Brihuega. Caminos donde los pueblos que se recorren ya pueden ofrecer al viajero unas mejores condiciones de alojamiento y al fin y al cabo, unas comodidades diferentes a las que podían ofrecerse en tiempos anteriores.

Y junto a la mejora de los caminos, la mejora de los coches que los recorrían, aunque los precios no se correspondieran. Todo un servicio a disposición de una clientela que no pasaba de ser de temporada: la de los baños de Trillo.

**referencias de esta información las podeis encontrar en:

1 TABOADA, Marcial. I Centenario de los establecimientos balnearios de Carlos III en Trillo. Madrid, 1878.
2 Editado en Madrid. En la Imprenta de D. Joachin Ibarra, Impresor de Cámara. Año de M.DCC.LXXVIII. 228 pp.
3 Con motivo de este resurgir y de la terminación de la guerra civil se creó la línea estacional de los Baños de Trillo, que corría a cargo de la Sociedad de Diligencias de Carsí, Ferrer y Cía. Véase Gutiérrez González, Antonio. Manual de Diligencias. Madrid, 1842. Págs. VII/VIII. Cif. Sánchez Sanz, María Elisa, "Viajeros por Guadalajara", Cuadernos de Etnología de Guadalajara, 4 (Guadalajara, 1987), p. 17.
4 Ortega, Casimiro. Tratado de las aguas termales de Trillo. 219-224.
5 Ponz, Antonio. Viaje de España. Tomo XIII. 20 ed. Madrid MDCCLXXXIII. Págs. 43-44 (Carta Segunda, 17-20).
6 Jovellanos, Gaspar Melchor. Obras publicadas e inéditas de don... Tomo IV. Ed. de Miguel Artola. Biblioteca de Autores Españoles, 86. Madrid, 1956. Págs. 16-24. Diario Noveno (1798-1801) (Itinerarios XVI-XVII): Baños de Trillo. Una buena referencia a este viaje en Cuenca, Emilio y Olmo, Margarita del. Jovellanos y Guadalajara. Su encuentro con Francisco de Goya y la Ilustración Alcarreña. Guadalajara, 1991. Págs. 39-84.
7 Guía de enfermos, ó Itinerario de Madrid a los baños minerales de Trillo, que comprende cuantas noticias pueden interesar a las personas que se dirigen a este célebre y acreditado establecimiento. Madrid: 1840. Imprenta de don Norberto Llorenci, 48 pp.
8 En su Tratado de las aguas minero-medicinales del establecimiento de baños de Carlos III. Por el Doctor D... Madrid, 1840.
9 Trillo. Manual del Bañista. Itinerario razonado, descripción del pueblo y baños termales de Trillo; noticia a los bañistas sobre lo que hay y pasa en la temporada de baños en aquella población, que les pueda interesar; descripción de sus pintorescas cercanías; cabalgatas que pueden hacerse a los pueblecillos que le rodean, é itinerarios desde Trillo al Real Sitio y Baños de La Isabela (vulgo de Sacedón), y a los Bañillos de Córcoles, los que se describen también por don... Anticuario de la Biblioteca Nacional, y de la Casa y Estados del Excmo. Señor Duque de Osuna y del Infantado, Autor del Manual del Bañista de la Isabela, etc, etc. Madrid, Imprenta de D.B. González. Calle de la Madera baja, núm. 8. 1851. 204 pp. más una Advertencia final.
10 González y Crespo, Mariano José Noticia abreviada..., pp. 2-3.
11 Castellanos Losada, Basilio Sebastián. Manual del Bañista... pp. 8-9 y Advertencia Final.
12 Bravo y Lecea. Anuario-Guía de Guadalajara y su provincia. Año IV.- 1905. Almanaque.- Notas útiles. Álbum de Guadalajara. Centros oficiales y particulares.- Agricultura. Comercio.- Industria.- Profesiones. Anuncios. Administración: Mayor Alta, 40-21. Guadalajara, 1905, p. 56.
13 Idem. Anuario-Guía... 1907. p. 154
.

Espero os haya interesado. Estos tiempos eran espectaculares y las gentes que viajaban por placer, turismo y a los baños... era de la clase alta. No podía ser de otra forma.

Mi tía Mercedes me contaba que recordaba las fiestas que se hacían en los baños de Trillo a primeros del siglo pasado, "hasta los locos años 20". Ivan a Trillo orquestas de todos los lados y coches de caballo que venían de todas las partes con mucha frecuencia. Vestidos largos para las señoras, ... levitas para los caballeros... Era como Versalles.

Las antiguas termas parecen romanas por su estructura y trabajos de piedra (canalizaciones, escalinatas,.. parece la antigua Roma. Actualmente éstán realizando trabajos de rehabilitación y conservación, habiendo recogido de las fuentes el agua termal para las nuevas y modernas instalaciones del balneario denominado actualmente de Carlos III.

Acercaros. Os gustara... y si además lo haceis a caballo, será espectacular como estos caminos que hemos descrito en este artículo de referencia.

Que bonita es mi alcarria... y que cantidad de historia encierra.

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