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Alcocer, "Hoya del Infantado"

Alcocer es, hoy en día, un pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara. Ya está casí despoblado, pero antaño fue una villa muy especial, importante y renombrada, que presidía todos los asentamientos de la llamada "Hoya del Infantado", lugar estratégico, en la que se enclavó en esta zona hace muchísimo tiempo, una villa romana, muy cerquita de Alcocer, junto donde se construyó la villa de Millana,... pero lo que realmente destaca ahora en Alcocer, es la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Aunción, más conocida como la "Catedral de la Alcarria", siendo seguro la joya más preciada y conservada que queda hoy en día todavía en pie en este pueblo con corazón alcarreño.

Nos encantó ver como jugaban con unos "bolos altísimos, tirándoles unas bolas enormes de madera" los jubilados de este pueblo. Estaban junto a su catedral, al lado de uno de los balcones donde tienen un parque infantil y que deja ver su extensa y preciosa vega.

Internet, efectivamente, nos brinda la oportunidad de poder compartir el conocimiento de la historia de nuestros pueblos cada vez más olvidados y cada vez más despoblados. Si realmente se conociera la gran historia que poseen pueblos tan pequeños como Alcocer, ya casi oculto en medio de la llanura alcarreña, conseguiríamos hacer crecer el nulo interés que hoy en día se tiene por estos parajes olvidados de la mano de Dios.

Esta reflexión la reseña, un paisano alcarreño, cronista de su pueblo, Jaime Illanes, que tiene publicados unos preciosos artículos sobre la historia de su tierra. Sus relatos nos acercan y dan relieve a muchos aspectos, hoy en ruinas... y los encamina a todos como un enorme abanico, a mostrar sobre todo, que Alcocer fue en su tiempo, una villa de verdadera importancia y renombre…

Os pongo al final de este blog algunos de sus artículos, que me han encantado leer sobre Alcocer y espero que a vosotros también os cosquilleen la curiosidad.

Ya sus títulos sugieren tesoros escondidos: “Alcocer en el siglo XVIII según Catastro del Marques de la Ensenada”,”Los amoríos del rey Sabio”, “ Santa Clara de Alcocer en Estados Unidos”, “¿donde está el sepulcro de Doña Mayor?”,” San Francisco de Asís en Alcocer”.”Alcocer, antigua fortaleza.”..

Pero empezaremos a pasearnos por lo que Alcocer esconde y muestra hoy en día, con otras descripciones como prólogo de este viaje:

La historia de Alcocer por tanto se remonta muchos años atrás, mucho antes de la reconquista árabe, pero uno de los primeros testimonios escritos aparece en las "Relaciones Topográficas de Felipe II". Si leemos este documento histórico podemos hacernos una imagen clara de lo que Alcocer significaba en el siglo XVI. Rodeado por una cerca de cal y canto torreada para su defensa, poblado de hidalgos y caballeros, su majestuosa iglesia de advocación a Nuestra Señora de la Asunción, sus castillos, casas señoriales, etc.

Alcocer fue desde sus inicios un pueblo de gran importancia, tanto por su situación estratégica en el centro de la Hoya del Infantado como por la extensa lista de personajes ilustres que han habitado sus calles. La Hoya del Infantado la constituía una pequeña comarca formada a lo largo del río Guadiela (antiguamente Guadilla ), que baja desde las serranías conquenses a dar en el Tajo, en las angosturas de Bolarque.

Históricamente la existencia de población en este valle, y más concretamente en Alcocer, es muy antigua. En tres lugares cercanos al pueblo se han encontrado restos arqueológicos: en el "Arquillo" junto al pantano, en la misma línea del agua se han descubierto sepulturas. En "la Muela" se ven restos de lo que fue un poblado celtibérico, con su correspondiente necrópolis, también en la orilla del pantano; y también en "Los Cabezos" se han encontrado restos similares. El caso de los Cabezos es muy singular, ya que estas tierras, antiguamente, estaban formadas por ricas dehesas donde pastaban los ganados y la agricultura daba sus mejores frutos, por esta razón fueron surgiendo distintos asentamientos a lo largo de la historia. Ocuparon estos lugares también los romanos, visigodos y árabes. El propio nombre de Alcocer viene a denotar su origen moro, expresivo de haber existido incluso castillo defensivo.

La reconquista de esta zona se llevo a cabo en los últimos años del siglo XI , llegando hasta estos lugares las huestes cristianas del capitan Alvar Fánez . La tradición dice que fue este guerrero castellano quien conquistó Alcocer a los moros. El hecho es que en un primer momento, a comienzos del siglo XII, pertenecía a la tierra común de Zorita, y luego paso a la demarcación provincial de Huete , en la que se mantuvo, a efectos de jurisdicción y aprovechamientos comunales de pastos durante bastantes años.

Alfonso VII, en 1154, dono a los Obispos de Sigüenza el señorío del lugar y de sus términos adyacentes. Al ser conquistada Cuenca, en 1177, por Alfonso VII, este rey incluye a Alcocer en la diócesis conquense recién creada, volviendo a quedar en el señorío real. Y es en 1252 cuando Alfonso X crea un gran señorío en las tierras de la Alcarria para dárselo a doña Mayor Guillen de Guzmán, madre de su hija Beatriz, reina de Portugal. Recibió esta señora los lugares de Alcocer, Salmerón, Millana, Valdeolivas y otros varios que conformaban la concreta comarca en el valle del Guadiela, ya siempre unida en la historia bajo la denominación de de la Hoya del Infantado. Alfonso X confirmó a Alcocer en el uso de su antiguo Fuero, común al de Huete.

Posteriormente el señorío de Alcocer quedó en doña Beatriz, pasando luego a su hija doña Blanca, quien acabo vendiéndoselo al infante don Juan Manuel (autor de El Conde Lucanor). De este paso más tarde al infante don Pedro, marqués de Villena, quien se lo vendió a don Micer Gómez de Albornoz, en la segunda mitad del siglo IV. A este le siguió en el señorío don Juan de Albornoz, y luego su hija doña María de Albornoz, casada con el misterioso personaje don Enrique de Villena el Nigromántico, dueño y señor en el castillo de Cifuentes, donde se dedicó a escribir extrañas obras de astrología.

Doña María de Albornoz, sin descendencia del humanista, se lo donó a su primo el condestable don Alvaro de Luna, mediado el siglo XV. Al valido de Juan II vino a heredarle su hijo don Juan, pero sus posesiones fueron tomadas por el rey Enrique IV, quien en 1471 entregaba Alcocer, lo mismo que el estado del Infantado completo, a don Diego Hurtado de Mendoza, a quien en 1475 los Reyes Católicos hacían duque de dicho título, el primero de una larga y honrosa serie de personajes.

En los estados del ducado del Infantado quedó Alcocer hasta el siglo XIX. Lo que comenzó siendo aldea sin importancia dependiente de Huete, llegó a adquirir en siglos posteriores un gran relieve, siendo esta villa una de las más señaladas de la comarca alcarreña. Tuvo comercio, conventos, agricultura, y un ir y venir continuo de gentes, entre los que se instalaron buen número de familias hidalgas. Hoy continúa siendo un lugar de relieve en el conjunto provincial, y espera de una buena ordenación territorial y aprovechamiento agrícola para continuar ostentando el privilegiado puesto que le corresponde.

En cuanto a lo que reúne interés para el viajero, es preciso señalar el castillo y las murallas. Un cerco de altas defensas amuralladas tuvo la villa tras su reconquista. Cinco puertas daban acceso a su interior: las de Cuenca, Millana, Pareja, Huete y puerta de la Dehesa. Junto a ella se levantaba el recinto del castillo, de cuya torre del homenaje son restos los colosales sillares de la parte inferior de la torre de la iglesia, que se levantó aprovechando las basamentas de la antigua fortaleza. Así pues, nada más que recuerdos y conjeturas quedan de este conjunto de edificio y defensas.

El monumento capital de Alcocer es su iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, declarada Monumento Nacional y que ha recibido en los últimos años muy valiosas y acertadas restauraciones (gracias a Don Crescencio Saez "Chencho" por su labor encomiable) que la han devuelto en parte su antiguo porte. Es un edificio colosal en el que predomina la arquitectura de estilo gótico, aunque muestra detalles del románico, y algunos del Renacimiento.

Su época de construcción hay que situarla en el siglo XIII, quizás cuando su señora doña Mayor Guillen, que mostró unos grandes ímpetus fundacionales, dió en levantar similares templos románicos en Cifuentes, Millana, el monasterio de Santa Clara en las cercanias de Alcocer, etc. Durante el siglo XIV continuó levantándose este edificio, y hasta la XVI centuria vio producirse aumentos y reformas.

Al exterior muestra su fábrica de recia sillería. Sobre el muro norte se alza la torre campanario de dos cuerpos. Cuatro puertas se abren en el templo. En su muro del norte, el que da sobre la actual plaza, se ve la primitiva puerta, hoy principal de entrada; es un ingreso incluido en saliente cuerpo de sillar, con arco semicircular abocinado, formado por cinco arquivoltas baquetonadas y un arco exterior cuajado de puntas de diamante, constituyendo a esta portada en la más antigua y plenamente románica. La otra portada de este muro es la mas moderna de todas.

Tiene arco trilobulado exornado de puntas de diamante y florones, y sobre ella aparecen tres arquivoltas de apuntada traza. Otra portada, abierta a los pies del templo, en el muro de poniente: tiene dos arquivoltas de arco apuntado, con exorno exterior de puntas de diamante, y los arcos van baquetonados. La portada del muro meridional es verdaderamente grandiosa. Se la llama la puerta del sol, y en los muros de su derredor se veían antiguamente varios relojes pétreos para marcar la hora solar. Se encaja tambien esta puerta en un cuerpo saliente y forma honda bocina con cinco arquivoltas baquetonadas, de arco apuntado, y un exorno exterior de puntas de diamante.

Todas estas puertas son elegantísimos y bien conservados ejemplares de la arquitectura románico-gótica de la Alcarria del siglo XIII. El interior del templo es grandioso. Es de tres naves, estrechas y muy largas. La central mas alta que las laterales. Se separan por pilares semicirculares en los que se adosan semicilíndricas columnillas que se rodean de collarines cubiertos de muy bien trabajada decoración vegetal. De ellos surgen las bovedas nervadas, elegantísimas, apuntadas.

La capilla mayor tiene un tramo rectangular anterior, y el ábside poligonal; y se cubre con cúpulas nervadas de magnífico efecto. Todos sus muros están calados por altísimos ventanales, que le confieren un tono de capilla mayor catedralicia, de un estilo gótico exquisito. Tras esta capilla mayor discurre, rodeándola, una girola o deambulatorio también cubierto de bóvedas nervadas.

A esta girola se abren diversas capillas más modernas. Por los altos muros del crucero se muestran algunos bellísimos ejemplares de rosetones y ventanales góticos. El conjunto de esta magnífica iglesia parroquial es único en la provincia de Guadalajara, y una de las joyas del arte gótico de la Alcarria.

También debe visitarse lo que queda del convento de monjas de Santa Clara. La primera fundación la hizo doña Mayor Guillén, señora de la villa, en 1260, quien dotó a este convento de muchas ayudas, consiguiendo privilegios y exenciones reales para él. Ella se dedicó a construir su edificio, que imaginamos plenamente románico, y en él se encerró hasta su muerte, ocurrida hacia 1267.

Su hija y nieta también ayudaron mucho al monasterio de Clarisas, que estuvo situado hacia oriente de la villa, en la finca actual de "los Cabezos", a orillas del pantano. De él quedan solamente un montón de machacadas piedras.

A fines del siglo XIV se trasladó la comunidad al interior del pueblo, levantando nuevo convento que es el que hoy queda en pie, aunque su construcción es del siglo XVI en sus comienzos. Su fachada a la calle muestra un enorme arco semicircular, adovelado, sobre el que campea real escudo de España. Junto a ella, se ve la cabecera del templo conventual, con ventano gotizante de arco apuntado.

También de frailes franciscanos hubo convento en Alcocer. Se instalaron primeramente, hacia 1430, en el abandonado caserón de San Miguel del Monte (Finca "el Santo), donde las monjas habían vivido un largo periodo. Luego, en 1569, se trasladaron al interior del pueblo, levantando humilde cenobio junto a la muralla. Aún se pueden observar los restos de lo que en su día fue un prospero monasterio franciscano.

Es muy celebrada en Alcocer la fiesta de las Mayordomas el domingo siguiente al de Corpus Christi. Era en tiempos una fiesta tradicional del pueblo pero por algunos motivos que hoy desconocemos, desapareció. Tras décadas sin celebrarse, fue recuperada gracias al empeño de varias mujeres del pueblo, que se constituyeron como Asociación de las Mayordomas de Alcocer. Desde entonces se viene celebrando esta fiesta que tiene su origen en tiempos de la reconquista.
Los jóvenes y hombres del pueblo se encontraban luchando contra los árabes tratando de arañar terreno para los cristianos. En Alcocer permanecían las mujeres y los niños, guardando las casas y ocupándose de las tareas propias del campo. Alguna de estas valientes mujeres de entonces, asomándose por la puerta de Huete, avistó un gran ejercito árabe que se avecinaba hacia el pueblo. Dando rápido aviso al resto de las mujeres de Alcocer, se pusieron de acuerdo en vestirse con sus mejores galas, collares y de más adornos para salir al encuentro de los invasores. Los árabes, creyendo equivocadamente que toda aquella multitud que deslumbraba en el horizonte, era un gran ejercito, dio media vuelta y huyó.
Por esta valiente hazaña se viene celebrando en Alcocer, la fiesta de las Mayordomas. Años atrás las mujeres se vestían de esta guisa para hacer alguna promesa a la Virgen, hoy se hace en honor a aquellas mujeres que pícaramente salvaron a Alcocer de una nueva invasión árabe.


Alcocer en el siglo XVIII, Catastro del Marqués de la Ensenada.
Corría el año 1752, nuestro monarca Fernando VI, que reino entre 1746 y 1759, ordenó que se realizasen una serie de averiguaciones a petición de su ministro Ensenada. Estas averiguaciones tenían por objeto sanear la hacienda pública. Eran tiempos de guerras y los gastos superaban con creces a los ingresos. Las averiguaciones consistían en realizar una relación de todas las personas que formaban la corona de Castilla, así como de sus familias, fincas e incluso hipotecas contraídas con objeto de llevar un control exhaustivo de la hacienda real.

Así, el 4 de julio de 1752, la comitiva encabezada por el juez delegado don Francisco Javier Pérez llegó a Alcocer a las 12 de la mañana poniéndose manos a la obra. Se dictaron edictos para que todos los habitantes de la villa hicieran juramento de todos sus bienes, fincas y familia. El 16 de octubre, concluido el trabajo, salieron de Alcocer hacia Guadalajara, ciudad a la que arribaron a las dos de la tarde del día siguiente.

Dentro de este "censo" se hace una relación detallada de todos los habitantes de Alcocer así como de sus oficios. Por ejemplo, por aquel entonces el médico titular era Don Manuel Campos, Joseph Chelva el cirujano, Atanasio Galindo y Julian Casero panaderos, Manuel Bonillo tendero de aceite y pescado y así una lista completísima con todos y cada uno de los vecinos de Alcocer.Los bienes propios de que Alcocer disponía en el siglo XVIII eran los siguientes:




Una casa cárcel y sala Capitular.
Otra casa-carnecería en la quadrilla de la iglesia, donde dicen el coso.
Otra en igual sitio, que sirve de Pósito.
Dos solares en el Coso y calle Real.
Un pozo de nieve en las eras de la Puerta de Cuenca, que por quinquenio produce al año 200 reales, los que se aplican en limosna de misas para las ánimas del purgatorio.
Dos artes de fabricar aceite, que al año se arriendan con sus pertrechos y producen 546 reales.
Tres hornos de pan cocer: el uno en la quadrilla de Millana y los otros dos en la de Pareja, que producen al año 638 reales.
El Monte de los Cabezos, que se arrienda para pastos y produce el arriendo al año 7.750 reales.
Un pedazo de rebollar, llamado Monte Llano, que se guarda para que medren sus retallos.
El derecho de la Almotaceneria y peso que se arrienda en 814 reales.
Los cuatro oficios de escribano.
Una casa-mesón, propia de don Juan Alberto García Hidalgo, que renta al año 200 reales.
Otra casa-mesón, propia del Convento de Santa Clara, que renta 180 reales cada año.
Una taberna pública que se haya en la casa del que la sirve y se arrienda por carga concejil, de la que cobra moderados derechos por razón de Millones, Alcabalas y Zientos.
Otras tabernas en casa de los cosecheros que por menor venden a temporadas, cobrando el Concejo por derechos 234 reales.
Una tienda de pescado y aceite, en casa del que la arrienda, quien paga por ello 680 reales y tres maravedís.
Un hospital para pobres transeúntes. (Fº 54 al 60).
También se detallan en el catastro las relaciones de religiosas y religiosos que habitaban sendos monasterios de Alcocer, el de Santa Clara y el de Nuestra Señora de los Ángeles. Ascendían a más de 90 religiosos entre ambos sin tener en cuenta los vecinos que trabajaban a su servicio.
Para terminar, aquí os detallo literalmente los oficios y habitantes de Alcocer en 1752:
"Don Manuel de Campos, médico titular. Don Ignacio Ramírez, médico sin partido. Joseph Chelva, cirujano. Manuel Chelva, sangrador, hijo del anterior. Don Antonio Sibelo, abogado. Don Félix Vallesteros, escribano real y de número de esta villa. Don Francisco Cervigón, como el anterior. Don Juan Astudillo, como el anterior. Antonio de Juste, sacristán. Agustina Hontanillas, viuda de Pedro Sibelo, boticaria. José Sibelo “cuida de la cuñada y de la botica”. José Sandoval, mancebo. Bernardo y Alonso Notario, molineros. Juan García y García, molinero. Juan García, criado del molino, Andrés Fernández, Juan Sanabria, Juan Rincón, Joseph Escamilla, Joseph Santiago, Joseph Crespo, Joseph Tovar, Juan Blanco, Silvestre Ortiz, horneros. Atanasio Galindo y Julián Casero, panaderos. Juan Ibarra Malo, confitero. Pedro Tarro, ordinario de la villa. Atanasio Galindo, como el anterior. Julián Casero, panadero. Francisco Guindo y Juan Ruiz, mesoneros. Eusebia de Oliveros, oficiala de la Carnecería pública. Diego Bonillo, Juan Ayllón y Joseph Ayllón, sacadores de yeso. Francisco Plazo, vendedor de la renta del tabaco. Pedro Guindo, estanquero al por menor. Miguel Bindel, tabernero concejil y torero de a píe, ganaba como torero 50 ducados anuales. Manuel Bonillo, tendero de aceite y pescado. Don Marcelo García Hidalgo, obligado de carnes de Alcocer y Valdeolivas. Bernardo Arnao, como el anterior. Sebastián Canora y Juan Canora, hortelanos. Manuel Domínguez, Francisco Plaza, Diego Palomo, Carlos Morales, Juan Bachiller, Francisco Ballesteros, Cristóbal Cervigón y Cesáreo Manzano, arrieros. Francisco Quesada el menor, tratante de mulas. Francisco Cervigón Martínez, tratante en azúcar y pescado. Juan Ruiz, “Tratante en azafrán, pescado, paños y lo demás que le sale”. Francisco Ecija, Diego Martínez, Sebastián Cabeza, y Matías Cabeza, tratantes de ganado. Juan Gálvez, tratante en esporeria, jabón, cabestrería, y otros géneros menores. Joseph Ramón Notario, maestro de niños. Don Gregorio Ballesteros, preceptor de gramática y presbítero. Joseph Miguel Galindo, escribano. Pedro Galindo Ocaña, Herrero. Diego Bonillo, oficial del herrero. Miguel Sierra y Jerónimo Ribera, sastres que no ejercen por hallarse impedidos. Juan Francisco Bonillo, Francisco Bonillo, Juan Guindal, Manuel García, sastres. Juan Joseph Bonillo y Antonio Bonillo, oficiales de sastre. Miguel Tobar, Joseph Tobar, Juan Martínez, Andrés López, Matías Martínez, Francisco Martínez, Joseph Pérez Tarro, Julián Tarro, Jerónimo García, Ramón Domínguez, Pedro Málaga, Jerónimo, Pedro y Pablo Tarro, tejedores de lienzo. Juan Grande, Antonio Martínez, Juan Francisco Tarro, Tomás de Málaga y Miguel Tarro, oficiales de tejedor. Juan García Zúñiga, maestro herrador y albéitar con un jornal diario de cinco reales. Lucas del Castillo, su oficial. Joseph Quesada, Antonio Quesada y Manuel Alcántara, zapateros de viejo. Gabriel Nieto, Sebastián Ecija y Francisco Quesada, maestros de obra prima. Juan Gálvez y Antonio Vivar, maestros de carpintería, con un jornal diario de 6 reales. Julián Martínez, oficial de carpintero. Joseph de Castro, maestro tornero. Joseph Blanco y Julio de Rata, cardadores y sacadores de estambre. Juan Bonillo y Manuel Alcántara, rastrilladores de cáñamo. Pedro Palomo, aperador de arados. Francisco, Miguel y Pedro Castro, albañiles, con un jornal de cinco reales. Miguel de Castro, albañil, impedido. Juan López Medina, Joseph Garrido, pastores de ganado lanar. Francisco Fernández y Juan Blanco, pastores del ganado de labor y cerril de los vecinos".

Los amoríos del rey sabio
En la prolífica obra jurídica de don Alfonso X el Sabio, más concretamente en las Siete Partidas, se recopila una extensa normativa acerca de las mujeres. También en su obra literaria, como en "Las Cántigas de Santa María" o en las "Cántigas Profanas", se describe a la mujer de la época así como sus normas de comportamiento. La mujer debía ser recatada, el adulterio debía ser condenado y la sexualidad debería provocarles verguenza. No fue así como actuó el Rey Sabio, que desde joven y posteriormente ya de casado mantuvo relaciones con numerosas mujeres que no iban a ser sus esposas.

Doña Mayor Guillen de Guzmán ocupó un lugar importantísmo para el Rey en sus años más jóvenes. En 1244, fruto de esta relación nace Doña Beatriz de Castilla que más adelante casaría con Alfonso III de Portugal, convirtiéndose en reina de Portugal. El Rey llenó de gracias y mercedes a Doña Mayor, donó el señorio del Infantado que comprendía pueblos como Alcocer, Cifuentes, Salmerón, Valdeolivas, etc. Siempre estuvo pendiente de Doña Mayor hasta su muerte.

Don Alfonso X desobedecería sus propias normas y códigos manteniendo relaciones con Doña Mayor ya en 1243, año en que estaba prometido con Doña Violante de Aragón. Doña Violante era sólo una niña y el Rey cumplía 21 años. Así los años de juventud los disfrutó junto a Doña Mayor hasta el día de su boda en 1249 con doña Violante.

Doña Mayor Guillén no fue la única, ya casado, el Rey mantuvo relaciones con otras muchas mujeres que también le dieron hijos


Santa Clara de Alcocer en Estados Unidos.
Quién podía pensar que un manuscrito escrito por las monjas de Santa Clara de Alcocer, aparecería en Estados Unidos, más concretamente en la Universidad de Massachusetts. Así es, recientemente contacté con el profesor David Arbesú, catedrático de filología hispánica y portuguesa de esta universidad. No hace mucho tiempo, unos 6 años, este manuscrito fue comprado en una librería de Oviedo y posteriormente fue trasladado a EEUU para su estudio y conservación. Gracias a Dios que existe gente que se interesa por nuestro patrimonio cultural ya que, seguramente, si hubiera sido ofertado a Castilla la Mancha, habrían hecho caso omiso a un documento histórico tan importante. Tanto es así, que en la colección del Centro de Estudios Renacentistas de Massachusetts está considerado como la joya de la collección.

Se trata de un documento que consta de unas 100 páginas; en ellas se va narrando al principio la historia del monasterio desde su fundación, escrita por las propias monjas. Posteriormente se listan toda una serie de gracias y mercedes que los monarcas, a lo largo de los siglos, han otorgado a este convento. ...


¿Donde esta el sepulcro de Doña Mayor?
Existen muchas conjeturas acerca del destino que sufrió el sepulcro de Doña Mayor Guillen, en Alcocer. Unos piensan que durante la Guerra Civil española fue quemado junto con otras muchas obras de arte que albergaba el convento. Es muy probable que esto ocurriera así, no obstante, durante la guerra civil, vinieron a España numerosos agentes de museos estadounidenses, a comprar o a "rapiñar" todo aquello que podían. Esta puede ser otra hipótesis válida, situaríamos entonces el sepulcro en algún lugar de Estados Unidos, alguna casa particular o museo, no lo podemos saber. El caso es que las religiosas, desde la misma muerte de Doña Mayor, demostraron una gran devoción hacia su fundadora. Una devoción que mantuvieron hasta el abandono del convento en 1936. Es difícil creer que las religiosas, después de tantos siglos de fidelidad y de finos cuidados hacia el sepulcro, abandonasen así la momia de su fundadora.

Ya comenzada la Guerra Civil, las monjas sabían que su situación era extremadamente peligrosa, más tarde o más temprano deberían abandonar el convento para refugiarse en algún sitio seguro. Así, avisadas por algunos vecinos de la villa de Alcocer, una noche, sin previo aviso, huyeron dejando atras siglos de historia. Me aventuro a imaginar aquellos momentos y pienso que si ya estaban sobre aviso, tomarían las medidas necesarias para la protección de su fundadora. Es probable que escondieran únicamente la momia de la fundadora ya que el sepulcro era de grandes proporciones (más de 2 metros largo); pero podemos aventurar también que se hiciera lo mismo con el sepulcro. Por otro lado támpoco queda ninguna religiosa viva que pueda contárnoslo, tampoco sabemos si alguien lo preguntó.
Entonces, ¿donde puede encontrarse el sepulcro y la momia de Doña Mayor Guillen?. Lógicamente no podemos saberlo, quizás se encuentre escondido en alguna de las bodegas o pasadizos que posee el convento; aún así, la mayoría de estas grutas, propias del antiguo alcantarillado árabe, se encuentran intransitables debido a la construcción de nuevas viviendas y al paso de los años.

Para concluir, creo firmemente que las monjas no fueron capaces de abandonar a su suerte a la fundadora y más sabiendo el destino que la esperaba. Tomarían las medidas necesarias para impedir que sufriera daño alguno, quizás con la idea de algún día volver a rescatarla, quién sabe.

San francisco de Asís, en Alcocer.
Dicen los escritores que han tratado el tema de la llegada de San Francisco de Asís a España, que vino allá por los años 1213-1214. Contaba San Francisco entonces 31 o 32 años de edad y sólo llevaba 6 de apostolado. En un afán eufórico de evangelización, probablemente causado por la victoria el año anterior contra los musulmanes. Amenazada la cristiandad hispánica, que ocupaba la mitad septentrional de la península, por la nueva oleada venida de Africa, acudieron a la llamada numerosos obispos y caballeros del otro lado de los pirineos para sumarse a las tropas de los reyes de Aragón, Navarra y Castilla, en aquella trascendental y decisiva batalla de las Navas de Tolosa, en que quedo aniquilado el emperador de los almohades, Mohamed ben Yacub. Un año después, o acaso antes, viene a España San Francisco, camino de Marruecos con el objetivo de predicar el evangelio de Cristo, tal y como nos dice Celano en su "Vida de San Francisco".

Vino realizando el camino de Santiago, una vez visitado el sepulcro del Apostol se encamino hacia el sur de la península camino de Marruecos apareciendo en Huete, muy alejado curiosamente de la ruta compostelana. Allí fue acosado por los judíos, a los que sin éxito trato de convertir a la fe cristiana, provocando su huida y tal y como dice la tradición vino a refugiarse a San Miguel del Monte, aldea próxima a Alcocer en la que posteriormente Doña Mayor Guillen fundara su monasterio.

Habla pues la tradición de la presencia de San Francisco de Asís en este lugar y así lo demuestra el hecho de que se fundará poco tiempo después un Convento de Clarisas venidas de Italia, del monasterio de San Damián de Asís por disposición de Santa Clara en 1252, un año antes de su fallecimiento.


Alcocer.. antigua fortaleza.
Corría el siglo X cuando se iba erigiendo en la pequeña aldea de Alcocer una gran fortaleza. Años atrás, alquería en la que la agricultura y la ganadería daban sus mejores frutos, las continuas conquistas cristianas obligaron a los almohades a levantar murallas de cal y canto que se abrían en grandes puertas hacia los cuatro puntos cardinales. No se podían permitir perder la plaza de Alcocer ya que era vía estratégica en la conocida como marca media que delimitaba la frontera entre árabes y cristianos. Así, Alcocer se convirtió en plaza fuerte.

Bajo sus calles se horadaron túneles y pasadizos, aún hoy en pié, para dirigir las aguas y, en tiempos de asedio, para la defensa.

Se construyeron 5 puertas de entrada a la fortaleza, la de Huete o más tarde conocida como de Alvar Fañez, la de Pareja, Cuenca, Millana y otra más que daba entrada directa al Alcazar. Hoy sólo se conserva el arranque del arco de la puerta de Huete y parte de la base de apoyo de la puerta de Pareja.

Aún hoy se observan vestigios de una antigua torre de defensa. Se trata de la misma torre de la Iglesia hasta los 10m de altura. Una construcción contundente de 2,15 metros de espesor que en tiempos vigilaba los pasos por el Guadiela.

Al menos hasta bien entrado el siglo XVI la fortaleza y las puertas se mantuvieron en pié, así lo atestiguan las Relaciones Topográficas de Felipe II. A comienzos del siglo XX, la única puerta que quedaba intacta era la de Millana (ver foto 1909) y de la muralla sólo nos quedan pequeños vestigios.

Ya en manos Cristianas, Alcocer fue perdiendo su carácter defensivo a medida que avanzaba la reconquista.

Alvar Fáñez de Minaya
Dice la tradición que una noche estrellada y con luna, la del 24 de junio de 1085, el capitán Alvar Fáñez, seguido de una numerosa hueste de soldados castellanos, tomaba la antigua Wadi1-Hiyara de los árabes y la entregaba, como un hermoso trofeo a su valentía, para engrosar las cuentas del collar de Castilla. En realidad, la Guadalajara islámica, una de las capitales de la Marca Media de Al-Andalus y referencia militar y cultura¡ de la frontera del Henares, se entregó sin lucha al rey Alfonso Vi de Castilla cuando éste consiguió la capitulación de Toledo, de todo su reino, y de su monarca Al-Mamún, en mayo de 1085.
Alvar Fáñez de Minaya era familiar directo del Cid Campeador, don Rodrigo Díaz de Vivar. Y, como él, burgalés de origen. Toda su vida la pasó en lucha contra los árabes de Al-Andalus, que le temían más que a nadie, según refiere la crónica de Kitab al- lktifá.
Ya en los años previos a la reconquista de la zona, junto al Cid pasó Alvar Fáñez por el valle del Henares haciendo cabalgadas y ataques por sorpresa. En ellos conquistaron Castejón, el castillo que hoy corona el paisaje inmediato de Jadraque, y aún bajó por Hita, Guadalajara y Alcalá sembrando el pánico, hostigando y destruyendo cosechas. Quedan las leyendas e diversos pueblos de la Alcarria, de que fue Alva Fáñez su conquistador: eso se dice en Horche, en Romanones, en Mondéjar y en Alcocer.

Lo cierto es que Alvar Fáñez de Minaya aparece en los viejos documentos medievales junto al rey Alfonso VI, como uno de los jerarcas principales de su corte, y que en los años finales del siglo XI y primeros del XIl, fue alcalde y jefe militar de Toledo, de Peñafiel y aún de Zorita, figurando como señor de este último fortísimo enclave. Conquistó también directamente la ciudad de Santaver, aguas arriba del Guadiela. Murió en una batalla, y al parecer a manos de gentes segovianas. Era el año 1.114. Fue llevado a enterrar a su tierra burgalesa, al monasterio de San Pedro de Cardeña, donde aún puede verse su sepulcro

Don Andres Perez Arribas.
Don Andrés fue párroco e investigador histórico muy apreciado en Alcocer. Murió hace poco, el 8 de noviembre del 2006, a los 84 años de edad. El que fuera cura párroco de Alcocer y quién escribió la primera historia de Alcocer en su libro de 1974: "Alcocer, historia y arte". Desde aquí quiero hacer mi pequeño homenaje a este incansable investigador de la historia alcarreña.

Lápiz en mano, recorría cada rincón de la Iglesia de Alcocer anotando cada detalle que guardara algún interés artístico. De esta manera realizó el listado de todas las firmas de los canteros que construyeron el templo, una gran variedad de firmas tanto del románico como del gótico. Fue la Iglesia de Alcocer una de sus pasiones, un edificio que, según Don Andrés, no tenía nada que envidiar a las catedrales.

Así fue el precursor de la restauración que hoy en día lleva con acierto Don Crescencio Saez, nuestro actual párroco. Don Andrés, en su prolífica literatura, escribió libros sobre la historia de muchos de los pueblos de Guadalajara, así podemos hablar de: "El monasterio de Monsalud de Córcoles", "Historia de Torija", "Historia de Jadraque y su Tierra", "Viaje por la Serranía de Guadalajara", etc.

Nació en Valdepeñas de la Sierra, provincia de Guadalajara y curso estudios en Toledo. Ya como sacerdote fue enviado a los pueblecillos de Muriel (1949) y luego a Jocar y Arroyo de Fraguas. Llegó a Alcocer en 1961 y marchó a Jadraque en 1976. Finalmente actuó como vicario parroquial de la concatedral de Santa María la Mayor de Guadalajara y Santiago y se jubiló en 1991.

Don Crescencio, párroco actual, tiene un afán encomiable por seguir dando toques de conservación y modernidad a su iglesia… digno sucesor de Don Andrés y se ofrece al visitante para ser orientador y vocero de esta tierra. de su catedral y de su arte… Hace poco tiempo, el pasado año 2006, fuimos precisamente a verle, mi cuñado Carlos, mi hermana Elvira, mi esposa Auxi, nuestra amiga Felicidad de Cochabamba, después de una visita al monasterio cisterciense de Monsalud, en la cercana localidad de Córcoles.


Animaros, visitar la iglesia, preguntar por él… seguro que se brindará a explicaros con cariño y máximo detalle todos los secretos de esta catedral…. Y dejarle un donativo para que siga con su esfuerzo de conservación y restauración.

2 comentarios:

Paloma Torrijos dijo...

Genial,

Ricard Ibarra dijo...

Hola,
Un blog muy interesante, con valiosa información.
Hay posibilidad de acceder a documentación sobre la población de la localidad a principios del s. XIX. La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción dispone de archivo parroquial? Y el Archivo Parroquial, es consultable?

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