
El ferrocarril del Tajuña, paso de ser el gran proyecto ferroviario a quedarse en la línea de metro de Madrid. La guerra civil y la decisión de construir el pantano de Entrepeñas cabó su tumba.
Hace 100 años, llegó el ferrocarril a la localidad madrileña de Colmenar de Oreja, en la línea Madrid-Alocén, parte de un ambicioso plan de enlace de la capital con el Ferrocarril Central de Aragón en Caminreal.

La historia de este singular caso ferroviario se inicia a finales del siglo pasado cuando La Compañía del Ferrocarril del Tajuña se hace con la concesión de la construcción y explotación de un ferrocarril que, en las proximidades del curso del río que le daba nombre, prestaría servicio de mercancías y viajeros en la rica zona agrícola del este de la provincia de Madrid.

Meses después, en julio de 1902, el ferrocarril llegó a Chinchón y hace ahora cien años, en enero de 1903 a Colmenar de Oreja, muy cerca del límite entre las provincias de Madrid y Toledo. Con esta última inauguración se completaba el ramal sureste de la línea y la Compañía comenzó a trabajar en la apertura de un ramal hacia el noreste.
En años sucesivos se construyó el enlace desde las cercanías de Morata de Tajuña, primero hasta Tielmes y después hasta Orusco que fue estación término de la línea desde 1910. De nuevo el ferrocarril del Tajuña se quedaba en el límite de la provincia de Madrid, esta vez a tiro de piedra de la de Guadalajara.

El impulso legislativo sirvió para prolongar la vía hasta Sacedón primero y después a Alocén, último punto donde llegarían a humear las locomotoras, si bien la infraestructura llegó a estar casi terminada hasta Cifuentes. En total, 143 kilómetros de vía métrica llegó a tener este ferrocarril ambicioso y modesto a la vez.Este tramo, salvo por la relativa proximidad de la zona minera no justificaba la construcción de un ferrocarril, pero si su prevista continuación hacia Aragón.
Los propietarios del ferrocarril pretendían llegar primero hasta Molina de Aragón, todavía en Guadalajara y desde allí por una zona todavía hoy desierta, ferroviariamente hablando, enlazar con el Ferrocarril Central de Aragón en Caminreal.
Declarado este objetivo, la compañía pasa a llamarse en 1919 del Ferrocarril de Madrid a Aragón.

Tras la Guerra Civil, el panorama no cambia y el ferrocarril del Tajuña, enlace entre la capital y las vegas agrícolas del este de Madrid se convierte en uno de los puntos de entrada de productos de estraperlo en años de carestía y racionamiento.En 1945 el ferrocarril, abandonados ya todos sus planes de expansión, sufre su primera mutilación, provocada por al construcción del embalse de Entrepeñas en Guadalajara, bajo cuyas aguas yace la estación de Alocén.
Así, con el levantamiento del tramo entre Sacedón y Auñón, comienza el goteo de cierres de tramos que culmina en 1954 con la desaparición del servicio de viajeros.(el año que nací yo, muy cerquita de Alocén, en Budia).Desde entonces sólo se utilizaba la infraestructura para las mercancías, entre ellas los minerales de las canteras de piedra caliza de las zonas próximas a Morata que la Compañía de Cementos Portland Valderrivas utilizaba en su fábrica de Vicálvaro.

Los 34,5 kilómetros supervivientes, de vía única, llenos de curvas y contracurvas, y con rampas de hasta 25 milésimas eran recorridos hasta por 28 circulaciones diarias de trenes de hasta 22 tolvas de mineral con doble tracción.Con su relajado discurrir industrial, entre las canteras de piedra caliza y las instalaciones cementeras de El Alto, junto a Morata, y de Vicálvaro, con una única estación intermedia en la Poveda, la línea de 28 kilómetros llega a los primeros años de la década de los noventa en los que el imparable crecimiento de Madrid comienza a acercarse a la zona de Vicálvaro.
Ese crecimiento y la instalación de un Campus Universitario en la zona fueron cercando la fábrica de cemento, de modo que la línea de Portland Valderribas era un anacronismo industrial en la ciudad, con cruces en su traza con los viales de las zonas de expansión urbana. Así en 1996 se inicia el proyecto de rescate de la línea por la Comunidad de Madrid que desembocaría en la puesta en servicio del nuevo tramo Puerta de Arganda (antes Vicálvaro)-Arganda del Rey de la línea 9 de Metro de Madrid el 7 de abril de 1999, que cuenta con estaciones intermedias en Rivas Urbanizaciones, Rivas Vaciamadrid y La Poveda.
El resto de la línea, según contemplaba el proyecto de la Comunidad de Madrid se convirtió en una Vía Verde, la del Tajuña, entre Morata y Carabaña, 21 kilómetros, que en el futuro se prolongará hasta Arganda y enlazará de ese modo con el tramo ferroviario del viejo Ferrocarril de Tajuña, cuya azarosa vida quizá tenga todavía algún capítulo más por escribir.

Podeis observar la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (siglo XVI), en la que destacan cinco altares barrocos y un órgano del siglo XVIII restaurado. Su picota o rollo, no falta y además tienen un museo parroquial con piezas de arte de los siglos XVI y XVII.
Sus fiestas el Santo Cristo del Amparo (domingo siguiente al 15 de agosto, fiesta de la Asunción.) que son las patronales con celebraciones religiosas, novilladas y bailes populares. el día de San Juán (24 de junio) y el de San Isidro (15 de mayo).
Tiene un área recreativa "El Pinar" , riberas y meandros del Embalse de Entrepeñas mueven sus entrañas dejando reflejar al pueblo en sus aguas el Taja continuamente con unas vistas impresionantes sobre el embalse. El mirador de "las matas" es espectacular.
La caza es una de sus más afamadas aficiones, tanto cinegética mayor como menor. Dispone de Pinar halepense, encinas, robles, arbustos y plantas aromáticas. Con el pantano Alocén aprovecha además el territorio con escuelas de vela y de esquí.

Una vez pasado Alocén encontrarás a la derecha la entrada a la Escuela de Vela, es una pista con muchas curvas ¡!CUIDADO!!, al final está el Pantano y las instalaciones de la Escuela.”La Escuela de Vela de la Diputación de Guadalajara está localizada en aguas del pantano de Entrepeñas, en el término municipal de Alocén.
1 comentario:
Entre Ambite y Mondéjar hay cuatro viaductos, el más espectacular en la entrada de Mondéjar
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