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Jesús Caballero Barriopedro

BUEN PIE PARA UNA CUARTETA!

Desde tiempos inmemoriales ha sido costumbre de las gentes de algunos lugares de La Alcarria el improvisar formas poéticas diversas sobre los pies forzados por cualquier ocurrencia o anécdota llamativa o chocante.

Esta costumbre que aún pervive entre mayores, ha creado un riquísimo caudal de cultura popular que enriquece y da vida a pueblos como Brihuega.

La enorme riqueza de la poesía popular se derrama principalmente en la cuarteta, y echar una cuarteta, como suelen decir, es una de las más singulares aficiones de los vecinos del pueblo de Brihuega.

—¡Anda, échala!— dicen.

Así resaltan una frase surgida en una discusión, un relato interesante o un comentario ingenioso. Puede ser invitación o desafío, para que alguien recoja la frase y componga el verso. No siempre se responde, pero cuando se hace, provoca risas y admiración, y se repite en cualquier lugar y momento oportuno.

En un principio, casi todos en Brihuega estuvieron emparentados, de aquí, que los jóvenes llamaran tío a los mayores. Con el tiempo, aunque las ramas de la familia se fueron separando y el tío perdió el acento, se mantuvo el uso de seguir diciendo el tío José, el tío Vicente o la tía Pascuala. También, cuando les llamaban por el apodo, se decía el tío Chusco, el tío Pulguilla o el tío Hojarasco.

En esta vida rural, sencilla y monótona, el principal entretenimiento era la tertulia, bien en familia, en la fragua, en la barbería o en la taberna. En la conversación, siempre había uno que, de oído, captaba la frase de ocho sílabas, para decir al cuartetero que tenía la facilidad de improvisar:

—¡Buen pie para una cuarteta!

—¡Anda, échala!

¿Desde cuándo existe en Brihuega esta costumbre? Nadie puede saberlo, porque las cuartetas se decían, pero no se ocuparon de escribirlas, tampoco muchos sabían escribir. El hábito de transmitirlas por vía oral hace que se hayan perdido las muy antiguas, y ya, ni los más viejos pueden recordar...

Es lástima, porque disponer de ellas nos permitiría poder utilizar su información sobre la forma de ser de nuestros antepasados, y de los sucesos, pequeños y grandes, pero siempre importantes en la vida de una comunidad. Nos permitiría, además, indagar acerca del extraño eslabón que enlaza esta costumbre con algo que era muy corriente entre los escritores de nuestro Siglo de Oro y algunos anteriores: la utilización del pie forzado, o verso que obligatoriamente había de colocarse al final de la composición poética.

Muchas letrillas, canciones, glosas y romances de aquellas épocas, utilizan este sistema que, sin duda, tenía un profundo arraigo popular. Bien pudiera ser que esta facilidad en hacer cuartetas, que tanto nos asombra en gentes sencillas, y que muchas veces hemos considerado como un sorprendente vestigio de lo que hicieron aquellos grandes escritores, no sea sino la manifestación de algo que siempre perteneció al pueblo, y que Lope, Quevedo, Góngora y tantos otros, se sirvieron de ello dándole brillo y esplendor.

La cuarteta, según la preceptiva literaria, se define como una redondilla: composición poética de cuatro versos octosílabos que riman el primero con el cuarto y el segundo con el tercero. El cuarto de estos versos es el que se da como pie forzado. Sin embargo, en Brihuega dicen este cuarto verso también al principio, con lo que la composición parece que tiene cinco versos, en cuyo caso sería una quintilla. Creo que esta lectura del pie forzado al principio puede admitirse como título de la cuarteta.

El ovillejo es otra composición cultivada en Brihuega con igual entusiasmo y dedicación. Consta de tres versos octosílabos, cada uno seguido de otro pie quebrado, y de una redondilla cuyo verso final lo componen los tres de pie quebrado.

También, con notoria frecuencia, aparecen en la literatura clásica. De todos son conocidos los que Cervantes incluye en Don Quijote de La Mancha, y que nos sirven de ejemplo ilustrativo, como este que citamos:



¿Quién menoscaba mis bienes?

Desdenes.

Y ¿quién aumenta mis duelos?

Los celos.

Y ¿quién prueba mi paciencia?

Ausencia.

De este modo, en mi dolencia,

ningún remedio se alcanza,

pues me matan la esperanza

desdenes, celos y ausencia.

Tanto el ovillejo como la cuarteta fueron cultivados en distintas épocas, siendo cantados con acompañamiento musical. Se dice, igual que ocurre entre las gentes de Brihuega, que estas composiciones de pie forzado eran motivo de diversión, y en algunas reuniones servían para poner, la inventiva de cada cual, en dura prueba. Muchas eran de carácter jocoso, burlesco o crítico, y más tarde circulaban de boca en boca.

Ningún libro se ha escrito sobre este tema: las pequeñas historias de un pueblo narradas a través de la cuarteta de pie forzado. Para lograrlo, Jesús Caballero, con la originalidad de explicar el contexto en cada caso, ha tenido que realizar una prolongada y paciente labor de investigación, preguntando a hombres de avanzada edad, que las oyeron decir... y algunos todavía las recuerdan...

Como principal fuente de información, Jesús Caballero ha tenido a su padre, un hombre de memoria prodigiosa, y también a sus dos tías, Vicenta y María, que fallecieron a la edad de ciento dos años, y tantas historias le contaron de Brihuega.

Fruto de tales esfuerzos es este libro, que no dudamos en calificar como un documento de singular importancia para el estudio, y al mismo tiempo deleite, de uno de los aspectos culturales más sobresalientes de este pueblo: El jardín de la Alcarria.

Estamos seguros de que ha de contribuir a estimular esta vieja costumbre, nacida en la fragua, la barbería y la taberna, y a que no se apaguen esas frases rituales:

—¡Buen pie para una cuarteta!

—¡Anda, échala!

Jesús Caballero ha recogido un ingente cúmulo de cuartetas y ovillejos creados por siete vates populares entre 1860 y nuestra última guerra civil.

Con este material el lector recorre la vida de un lugar de La Alcarria desde una época en la que el aislamiento y la cotidianidad del mundo campesino eran la tónica casi exclusiva hasta otra de integración en un mundo amplio y cambiante.

No se limita el autor a recoger la cuarteta si no que la presenta junto al hecho o la anécdota de la que necesariamente surgió y en el relato reconstruye un peculiar fragmento de la vida cotidiana de los pueblos de antaño.

Libro singular este, en que se une un atractivo trabajo etnológico, un magnifico trabajo filológico, y una viva crónica de cien años de la vida de un pueblo de La Alcarria.

El autor, hijo del pueblo, tipógrafo de profesión, y hoy jubilado, ha recogido este magnífico material directamente de los últimos vecinos que aún mantenían esta singular tradición, que aunque ya muy ancianos le han reconstruido aquel mundo ancestral paso a paso.

..nota: en cuanto consiga este libro, os publicaré algunas de sus cuartetas, para vuestro deleite y el que desee comprarlo, no tiene más que pedírselo a su editorial: "BUEN PIE PARA UNA CUARTETA" de Jesús Caballero Barriopedro

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